jueves, 10 de marzo de 2011

Miseria




Jamás me podrán parafrasear,
porque me han dejado naufragando
en el vasto espacio vacío,
con palabras parásitas,
y atributos ajenos que no entenderé,
ni me entenderán,
porque son lejanos, inconexos,
y sin relevancia.

Jamás me podrán parafrasear,
porque sus palabras me atan,
amordazan, vendan y hunden,
y son inexpiables.
Sí, son inexpiables,
por eso soy de paráfrasis imposibles
para ellos,
pues viajo sin destino,
sin abrigo,
y quizás todo sea extraño,
porque no nací rey, ganador o as;
sólo poeta, vagabundo y desahuciado.

Soy imposible de parafrasear,
porque crecí con llagas,
y esas cosas que no querrán entender,
mientras vertí todo
en el destino:
No me entendieron,
ni vieron cuando mis ojos sangraron
a la luz,
ni entendieron la trascendencia de mi brazo,
si no hubiese sido dormido
por manos egoístas,
deseosas de ultrajar mis dedos.

No es necesario ocultar
-ni adornar-
lo que no se siente,
porque cuando dicen sentir
sin sentir,
las palabras parásitas llegan solas
a devorar mis restos,
mis huesos,
y me dejan sin color,
en miseria,
como cada tormento iniciado
al azar.



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